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Historia de una boda, Jordina (la chica del agua) & Joan

A Jordina la conocí una tarde de otoño de 2017 en la que llovió como pocas veces recuerdo. Habíamos quedado en una cafetería del centro del pueblo para conocernos, hablar sobre sus expectativas referentes a mis servicios para su boda, las ideas y deseos de ella… y tuve que llamarla para decirle que no podía salir de casa por la lluvia tan intensa. Ella me confirmó que se había tenido que refugiar en una peluquería de camino a la cafetería por el mismo motivo.

Finalmente la lluvia cedió un poco y pude salir a su encuentro, cuando la vi, tan alta y espigada, y con ese brillo en los ojos, me gustó al instante, y supe que íbamos a conectar enseguida. Hablamos durante mucho rato, las dos nos sentimos cómodas y nos contamos muchas cosas, no sólo de la boda, de maquillaje y de peinados, hablamos de verdad. Acordamos una fecha para sus pruebas y dejamos que pasaran los meses.

Por lo que me contó Jordina el día de su boda mientras yo la peinaba y maquillaba, durante todo el proceso de preparación de su boda, la lluvia había estado presente, incluido ese mismo día… El cielo estaba totalmente encapotado y había una humedad y un bochorno casi tropicales, y ella no hacía más que preguntarme si creía que iba a llover.

Después de decirle que no varias veces, empezaron a caer unas gotas gordas y cargadas, y Jordina se tomó una copa de vino para calmar sus nervios. Yo le sonreía, ella tomaba sorbos de su copa y las dos nos reíamos nerviosas, esperando que fuera una tormenta corta de verano.

Y lo fué.

Jordina salió del portal de la casa de sus padres ante la admiración de las vecinas y amigas del pueblo, y yo, que estaba enamorada de la novia Jordina, me quedé junto a las señoras, con mi maleta de ruedas, esperando a ver cómo bajaba las escaleras, y se le iluminaba el rostro al ver a la gente enamorarse de ella también.

Deduje que Jordina era una persona muy querida, mucha gente pasó por la habitación de sus padres donde yo la arreglé y la ayudé a vestirse, todos los que estaban cerca la miraban como si fuera una estrella de Hollywood, y ella sólo tenía palabras y gestos amables para todos.

Tan alta, tan espigada, con ese brillo en los ojos y vestida de novia, muy elegante, con una preciosa corona de flores preservadas que le daba cierto aire inocente, con esos zapatos rosas de brillantitos… La miré por última vez antes de irme en busca de mi coche, en mi mente le mandé los mejores deseos, sabía que sería feliz, que ya era feliz, sólo le pedí al cielo que no lloviera más aquella tarde, que la dejara bailar hasta que las piernas no le respondieran y que ese brillo en su mirada durase para siempre.

De camino a casa volví con una sonrisa en los labios, porque me llevé un poco de la felicidad y calor de Jordina, de su familia y de toda la gente que estuvo allí en su casa.

Para merendar me comí dos “pastissets” de la caja que su madre me regaló, y que me supieron a gloria, los mejores que he probado nunca.

No pude conocer a Joan, el novio,  ni pude ver cómo se volvía a enamorar una vez más de Jordina al verla radiante vestida para celebrar que se aman, pero me imaginé que en sus adentros, estaría pensando que nunca había visto una belleza más gloriosa que la de Jordina entrando en la ermita de Prades.

Al día siguiente empezaron a llegar las primeras fotos de Andrea, la fotógrafa que Jordina, cuidadosamente había escogido para inmortalizar uno de los días más hermosos de su vida. y ¿sabéis qué?, que las fotos eran como un cuento en imágenes, un cuento de gente de un pueblo, de gente que aprovecha las verbenas para gastar sus zapatos bailando hasta el amanecer, de gente que se quiere y se sonríe, de gente que comparte la felicidad de los suyos, que celebra, que brinda por la vida y por el amor…

Y ví las fotos en que Joan miraba a Jordina, como quien admira a su razón de sonreír cada mañana, mirada que es pura miel, puro amor y devoción, admiración y la promesa de estar siempre buscando la manera de hacerla feliz.

Las fotos hacían mucho más que justicia a las emociones que había sentido el día antes, hacían honor. Y para muestra, aquí os las dejo, disfrutad y embriagaros del arte de Andrea retratando una fiesta de oda al amor.

Para Jordina, la chica del agua que se casó el 8 de septiembre de 2018 y me escogió para llamar a las musas de su belleza ese día.

*Fotos de Andrea de We Are Blanko.

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. Precioso Post! Y añado que la energía que se vivió en la habitación de Jordina, mezcla de nervios, impaciencia, amor y alegría fluyó perfectamente gracias a tu discreción y saber hacer. Tu personalidad hizo posible muchas fotos! Mil gracias.

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